Llevo desde junio con Ghostty como terminal principal tanto en el Fedora del portátil como en Bazzite, así que cuando Warp anunció que abría su código —tras años siendo una terminal cerrada con IA integrada— tenía que probarla con la misma vara de medir que uso para todo lo demás: ¿mejora mi día a día real, o es una curiosidad pasajera?
Qué cambia con la apertura del código
El modelo de licencia es poco habitual: la capa de interfaz va en MIT (permisiva, cualquiera puede reutilizarla), pero el núcleo va en AGPLv3, lo cual en la práctica significa que se puede auditar, personalizar y hasta autoalojar una versión propia, pero cualquier mejora derivada del núcleo tiene que compartirse de vuelta. Para quien, como yo, prefiere herramientas auditables sobre cajas negras, es un paso que se agradece — antes de esto, Warp era exactamente el tipo de terminal "de moda" que evitaba precisamente por no poder ver qué hacía por dentro.
Que una terminal con IA se abra del todo cambia la pregunta de "¿confío en esta empresa?" a "¿confío en este código?" — y la segunda es mucho más fácil de responder.
El día a día
Los bloques de comandos (cada comando y su salida agrupados visualmente, no un scroll infinito indiferenciado) siguen siendo la característica que más se nota frente a una terminal tradicional — reencontrar una salida de hace diez comandos es mucho más rápido así. El panel de IA lateral, ahora con la opción de usar tus propias claves de API o modelos locales en vez de depender del backend de Warp, encaja mejor con cómo trabajo yo: nada obligado en la nube de un tercero si no quiero.
Dónde Ghostty sigue ganando
Ghostty sigue siendo más ligera y más rápida en arranque puro, sin ninguna capa de IA de por medio — para quien solo quiere una terminal veloz y minimalista, sin necesidad de bloques ni panel de IA, Ghostty no tiene rival. Warp apunta a un público distinto: quien quiere una terminal con más capas de producto encima, ahora auditables, no quien busca lo más rápido y ligero posible.



